Ciencia y limpieza: El amoniaco y sus usos

El amoníaco es un gas incoloro, más ligero que el aire y altamente tóxico.  Se trata de un compuesto que se produce de forma natural con la descomposición de materia orgánica. De hecho se tiene constancia de la existencia de un compuesto preparado por los antiguos egipcios (cloruro amónico) a partir del sublimado que se creaba al quemar los excrementos de animales.
El amoniaco que utilizamos en la limpieza del hogar se trata, en realidad, de hidróxido amónico, es decir, amoníaco disuelto en agua, por lo que a pesar de que su manejo puede conllevar peligros, con un uso correcto podemos beneficiarnos de su alto poder desengrasante.
Es ideal para la limpieza de cristales, manchas difíciles en la ropa y  limpieza de alfombras. Diluye una pequeña cantidad en agua y aplica sin aclarar. Si te fijas en las formulaciones de detergentes líquidos, encontrarás detergentes que incluyen el amoniaco entre sus componentes y que difuminan el olor tan fuerte que tiene, con un agradable olor a pino.
En su forma original, cuando el gas a alta temperatura pasa por el óxido es capaz de reducirlo, de ahí sus múltiples usos en la industria: fabricación de productos farmacéuticos, desinfección de aguas, refinación de petróleo o refrigerante entre otros.
En cuanto a las precauciones para el uso doméstico, recuerda no mezclar nunca el amoniaco con hipoclorito sódico (lejía), sus gases son altamente tóxicos y pueden causarte  lesiones respiratorias. Como seguramente recordareis, “La puedes liar parda”. Utiliza siempre guantes y si es posible también mascarilla.
 Puedes descargarte la ficha internacional del amoniaco aquí. En ella encontrarás recomendaciones de uso muy interesantes.
Una curiosidad, ¿Conoces de dónde procede el nombre amoniaco? El término griego ammōniakón, significa lo que pertenece a Amon, un antiguo dios egipcio personificación de “lo oculto”.
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